Este mes de abril asistí al Summit de Economía Circular en Bilbao, un evento organizado por Ihobe y el Gobierno Vasco que reunió a empresas, startups, investigadores y entidades públicas con un objetivo común: acelerar la transición hacia modelos más sostenibles. Fue una jornada inspiradora, llena de ideas concretas sobre cómo rediseñar el sistema productivo para que funcione en armonía con el entorno.
La economía circular propone dejar atrás el modelo lineal de “extraer, producir, consumir y desechar”. En su lugar, plantea un enfoque regenerativo donde los recursos se mantienen en uso el mayor tiempo posible y los residuos se transforman en nuevos productos o materias primas.
En el summit conocimos ejemplos reales que ya están funcionando. Algaloo, por ejemplo, desarrolla soluciones innovadoras a partir de microalgas, generando ingredientes sostenibles para alimentación humana y animal, con un impacto ambiental mínimo. Traperos de Emaús, demuestra cómo la economía circular puede ir de la mano de la inclusión social. Su modelo combina la gestión de residuos con la inserción laboral de personas en situación de vulnerabilidad. Y Elmubas, empresa especializada en la valorización de subproductos cárnicos, mostró cómo se puede integrar la circularidad incluso en sectores dirigidos a la alimentación de mascotas.
Más allá de los casos concretos, el evento puso el foco en los desafíos que enfrentan estos modelos: desde barreras culturales y regulatorias, hasta la necesidad de la creación de nuevos ecosistemas colaborativos y la incorporación de las tecnologías. Se destacó la importancia de integrar herramientas como la inteligencia artificial para preveer la demanda, sensores IoT para controlar la conservación de alimentos, o el pasaporte digital para trazar el ciclo de vida de cada producto.
Un concepto transversal fue el de servitización, es decir, transformar el producto en un servicio para prolongar su vida útil y reducir el consumo innecesario. Un ejemplo inspirador vino del sector textil: empresas que en lugar de vender ropa, ofrecen su alquiler por temporadas. Esto no solo reduce la compra impulsiva, sino que maximiza el uso de cada prenda y minimiza la huella ambiental del armario. Un cambio de mentalidad que se alinea perfectamente con los principios de la economía circular.
En resumen, Bilbao se convirtió en el epicentro de la economía circular de la mano de grandes marcas y Pymes. El mensaje fue claro: no se trata solo de reciclar, sino de repensarlo todo. Con visión, colaboración y tecnología, es posible construir cadenas de valor y modelos de negocio que no solo generen beneficios económicos, sino también tengan impacto ambiental y social positivo.














