Navegar a vela en dirección opuesta al viento me parece el rumbo más curioso que existe en este deporte. Sentir cómo se avanza contra la resistencia del viento es fruto de la física aplicada a una vela, que ajustada y trimada para tal fin, permite enfilarse a cualquier destino que uno se proponga. La ceñida, del latín “cingere”, significa “apretar” cuya expresión invita a escribir este post como una metáfora que compara la innovación como el esfuerzo de “apretarse” para conseguir salir adelante.
Innovar es un desafío comparable a navegar contra el viento. A primera vista, parece imposible avanzar cuando las fuerzas dominantes –hábitos de los consumidores, competencia establecida y desconfianza del propio equipo– ejercen presión en contra. Sin embargo, al igual que en la navegación a vela, en la innovación empresarial estas fuerzas de resistencia pueden convertirse en un motor de impulso.
Cuando una empresa quiere emprender una innovación, no solo debe competir con marcas establecidas, sino que también se enfrenta a otras fuerzas resistentes que le impiden avanzar. Los consumidores están acostumbrados a lo conocido, y su inercia puede ser una barrera difícil de superar. Además, la competencia reaccionará con estrategias defensivas, y las regulaciones o la propia resistencia del equipo pueden añadir complejidad al proceso.
Aquí es donde entra en juego el principio de Daniel Bernoulli, físico del siglo XVIII: no se trata de vencer la resistencia de manera frontal, sino de utilizarla estratégicamente para generar tracción y avanzar.
En el rumbo de ceñida, así como en el vuelo de un avión, se aplica el principio de Bernoulli, el viento fluye a diferentes velocidades por cada lado de la vela, generando una diferencia de presión que impulsa el barco hacia adelante.

En el emprendimiento, ocurre algo similar:
Fuerza de tracción: Un producto con una propuesta de valor clara y apalancada en una tendencia genera interés y curiosidad en los consumidores, creando una fuerza de atracción para navegar a rumbo determinado.
Fuerza de reacción: Al mismo tiempo, la desconfianza del mismo equipo de trabajo o el rechazo del consumidor pueden actuar como una barrera que obliga a la empresa a perfeccionar su estrategia, ajustando o trimando su modelo de negocio, comunicación y funcionalidades.
Fuerza de sustentación: Las sumas de ambas fuerzas de resistencia crean una nueva fuerza de sustentación, que casi de forma mágica provoca el movimiento.
Conclusión
Así como un navegante no lucha contra el viento, sino que lo usa para avanzar, una empresa debe adoptar una estrategia flexible para introducir un nuevo producto con éxito. No se trata de evitar el viento en contra, sino de saber cómo usarlo a favor, ajustando el aparejo para cada situación. Si comprendemos esta dinámica podemos transformar la resistencia en un impulso que las lleva a responder a una necesidad del mercado, convirtiendo fuerzas opuestas en impulso hacia adelante. No es fácil, pero gracias al efecto Bernoulli las embarcaciones a vela consiguieron llegar a los confines más remotos del planeta.
